Descontaminación de suelos
contaminados
La
disyuntiva que se presenta frente a un suelo contaminado
es recuperarlo o destruirlo. En un principio ha
prevalecido la última opción, mientras que en los últimos
años se ha prestado una especial atención a las técnicas
de recuperación que posibilitan su
reutilización.
La
problemática de la descontaminación de los suelos podemos
tratarla bajo dos perspectivas: técnicas de aislamiento de la
contaminación y técnicas de descontaminación.
Técnicas de
aislamiento
Para evitar
que la contaminación se propague desde los suelos contaminados
estos pueden ser almacenados en vertederos apropiados o
sellados in situ o destruidos totalmente.
La técnica del
sellado trata al suelo con un agente que lo encapsula y lo
aísla. El suelo es excavado, la zona se sella con un
impermeabilizante y se redeposita el suelo. Para desarrollar
las barreras de aislamiento se ha utilizado diversas
sustancias, como el cemento, cal, plásticos, arcilla, etc. El
procedimiento tiene el inconveniente que se pueden producir
grietas por las que los contaminantes pueden
fugarse.
Sometiendo al
suelo a altas temperaturas (1600-2300°C) se consigue su
vitrificación con lo que se llegan a fundir los materiales del
suelo, produciendose una masa vítrea similar a la obsidiana.
Durante el proceso hay que controlar la volatilización de
numerosos compuestos.
La propia
filosofía de estas técnicas (persigue la eliminación del suelo)
las hace sólo recomendable en situaciones extremas.
En otras
ocasiones se realiza el aislamiento directamente sobre los
niveles de aguas freáticas. Mediante bombeos exhaustivos se
consigue deprimir los niveles freáticos para alejarlos del
suelo y subsuelo contaminados. El agua bombeada es tratada para
eliminar su contaminación.
Técnicas de
descontaminación
Básicamente se
utilizan cinco métodos para la recuperación de los suelos
contaminados:
Extracción
Tratamiento
químico
Tratamiento
electroquímico
Tratamiento
térmico
Tratamiento
microbiológico
En función de
como se apliquen las técnicas depuradoras se habla
de:
Tratamientos in
situ
Tratamientos on
site
Tratamientos ex situ (off
site)
El
procedimiento in situ es el que requiere menos manejo, pero su
aplicación resulta frecuentemente difícil de llevar a la
práctica, dada la dificultad que representa el poner en íntimo
contacto a los agentes limpiadores con la masa del suelo. En el
tratamiento on site el suelo se excava y se trata en el propio
terreno. El método ex site requiere las etapas de excavación,
transporte, tratamiento en las plantas depuradoras, devolución
y enterramiento. Este proceso exige mayor inversiones pero es
más rápido y con él se consiguen recuperaciones más
completas.

Extracción
por fluidos
Consiste en
separar los contaminantes mediante la acción de un fluido, a
veces aire (arrastre) y en otras ocasiones se usa agua
(lavado). Una vez arrastrado el contaminante, se depura el
efluente con técnicas apropiadas.
Se trata de
procedimientos muy sencillos pero para que sean efectivos
requieren que los suelos sean permeables y que las sustancias
contaminantes tengan suficiente movilidad. Además, no son
métodos válidos cuando el suelo presenta una alta capacidad de
adsorción.
Son métodos
típicamente desarrollados in situ.
Aireación
Se considera
un método de volatilización pasiva para contaminantes
volátiles. El suelo se excava y se vierte una fina capa, de
unos 20 cm, sobre una superficie impermeable.
Para favorecer
la volatización se procede a la remoción periódica, por
ejemplo, mediante el arado. El riego también favorece el
proceso ya que el agua disuelve los contaminantes y produce su
desorción y al evaporarse los arrastra hacia la superficie.
Además la humedad acelera la actividad de los microorganismos.
También al extender el suelo se aumenta su temperatura y se
expone a la acción de los vientos, con lo que aumenta la
volatización.
En general se
trata de un proceso muy lento y tiene el inconveniente de que
los contaminantes son devueltos directamente a la atmósfera,
sin sufrir ninguna depuración. No obstante, en general estos
compuestos devueltos a la atmósfera tienden a degradarse
rápidamente. Los hidrocarburos reaccionan fácilmemte con los
radicales hidroxilo atmosféricos, degradandose en un plazo que
va desde un solo día para el dodecano hasta 9 días que necesita
el benceno. Por otro lado, los disolventes clorados
industriales se descomponen fotolíticamente con gran rapidez
por acción de las radiaciones ultravioletas. Por otra parte, la
posible contaminación atmosférica se puede evitar si el suelo
es colocado en unas naves en las se pueden recoger los gases
para su posterior tratamiento (y en las que además de controlar
las condiciones ambientales).
Su principal
ventaja es su bajo presupuesto económico.
Arrastre
Consiste en
inyectar un gas para arrastrar a los contaminantes.
Generalmente se utiliza aire y vapor de agua. El aire penetra
desde la superficie del terreno y se fuerza su circulación al
succionarlo a través de unos pozos que se excavan.

En otras
ocasiones el aire o un gas se inyecta sobre la superficie del
suelo o a través de pozos (en este último caso, se recomienda
sellar la superficie del terreno con arcilla, plástico,
cemento, asfalto, etc). En ocasiones se mejoran los
rendimientos utilizando aire caliente.

El aire se
inyecta mediante unas barrenas helicoidales que perforan y
mezclan el suelo. El aire se propaga a través del migrando
hacia la superficie. A veces se perforan unos pozos para
extraer el aire mediante succión.
El aire con
los contaminantes se puede depurar utilizando filtros de
carbono activo.
Es un
procedimiento sólo válido para extraer contaminantes volátiles
(cómo mínimo con una presión de vapor de mercurio de 0,5mm) y
de bajo peso molecular, como son: xileno, benceno, tolueno,
tetracloruro de carbono, tricloroetano, cloruro de metilo,
etc.
La rapidez y
eficacia depende de la permeabilidad del suelo. Al disminuir
esta se alargan los tiempos del tratamiento, con lo que
aumentan los costes. También influye el estado de humedad del
suelo. Así cuanto más seco se encuentre más fácilmente será
atravesado por el flujo extractante.
Según E, de
Miguel García (1995) es un método muy sencillo, que usa una
tecnología estandar y fácil de adquirir. Posibilita tratar
grandes volúmenes de suelo a un coste razonable, produciendo
una alteración mínima en el terreno.
En algunas
ocasiones se ha utilizado una técnica muy empleada para mejorar
la producción de los pozos de petróleo. Consiste en inyectar a
presión una disolución acuosa espesada, o gelificada, junto a
un material granulado (arenas). Al inyectar a gran presión el
fluido se producen fracturas que el material rellena y de esta
manera se evita que se puedan volver a cerrar. El fluido se
extrae por bombeo y el material granulado constituye una vía
para su fácil circulación (E. de Miguel García.
1995).
Lavado
Consiste en
inyectar agua en el suelo. El agua moviliza a los contaminantes
y luego se extrae y se depura.
El método sólo
es válido para contaminantes solubles en agua (en la práctica
la solubilidad ha de ser mayor de 1000 mg/l).
El agua se
introduce mediante zanjas y pozos y se recoge en unos drenes
(tuberías horizontales) y se extrae de los pozos mediante unas
bombas de succión.
En ocasiones
se utiliza agua con disolventes para facilitar la extracción.
También se emplean detergentes para extraer contaminantes con
comportamientos hidrofóbicos. Otra variante consiste en
utilizar soluciones acidificantes. La extracción ácida ofrece
buenos resultados para el caso de los metales
pesados.
Normalmente se
trata de una técnica in situ.

Este
tratamiento también puede llevarse a cabo como técnica ex situ.
El suelo excavado es tratado con una solución acuosa en un
tanque. Se tamiza para separar las fracciones más gruesas
(generalmente, superiores a los 20 mm de diámetro). Los
materiales finos se mezclan con un fluido lavador y
posteriormente son aclarados. Después se separan las arenas,
que tienen una capacidad muy baja para retener contaminantes.
Las arcillas y los limos continúan en el proceso de depuración
y finalmente los materiales que conserven todavía un alto
porcentaje de contaminantes son separados para su aislamiento
en vertederos controlados (figura).
Esta técnica es útil para una amplia gama de compuestos
contaminantes como los metales pesados, cianuros metálicos,
disolventes nitrogenados, hidrocarburos aromáticos, gasolinas,
aceites minerales, PBC (productos organoclorados, como los
policlorobifenilos), etc. Los fluidos utilizados son muy
diversos dependiendo del tipo de contaminante: agua,
disoluciones acuosas, disolventes orgánicos, compuestos
quelantes, productos tensoactivos, ácidos y bases (E. de Miguel
García. 1995).
Tratamiento
químico
Se trata de
depurar el suelo mediante la degradación de los contaminantes
por reacciones químicas. Frecuentemente se trata de reacciones
de oxidación de los compuestos orgánicos.
Como agente
oxidante se emplea el oxígeno y el agua oxigenada.
Es un método
útil para: aldehidos, ácidos orgánicos, fenoles, cianuros y
plaguicidas organoclorados.
Este
tratamiento se utiliza preferentemente in situ, inyectando el
agente depurador a zonas profundas mediante barrenas huecas, o
a veces, simplemente mediante un laboreo apropiado del
terreno.
Otro
procedimiento químico es la descloración. Esta técnica se
utilizó, en un principio, para la estabilización de productos
del petróleo. En suelos se ha empleado para la descloración de
PBC. Consiste en la inyección de CaO, Ca(OH)2 o NaOH. El suelo
al reaccionar se calienta y al aumentar el pH hasta valores de
9 a 11 se produce la descloración de los PBC (E. de Miguel
Garcia. 1995).
Tratamiento
electroquímico
El
desplazamiento de los contaminantes se logra mediante la
creación de campos eléctricos.
Es un
procedimiento a realizar in situ.
Consiste en
introducir, a suficiente profundidad, unos electrodos en el
suelo. Los contaminantes fluyen desde un electrodo a otro
siguiendo las líneas del campo eléctrico.
Para favorecer
el movimiento se puede añadir una fase acuosa.

La
movilización de los contaminantes es debida a fenómenos de:
migración, electroósmosis y electroforesis.
Migración
Se trata de
una movilización en forma iónica de los contaminantes a través
del campo electrico. Representa el movimiento de las partículas
en disolución con comportamiento iónico.
Electroósmosis
Movimiento del
líquido en relación a las superficies sólidas del campo
eléctrico. Se produce la movilización del líquido en masa como
consecuencia de la interacción con las paredes de los poros. En
las superficies desequilibradas de las partículas del suelo
predominan las cargas negativas y atraen al líquido hacia el
cátodo que se comporta como si fuese un gran catión. Es este el
efecto más importante.

Electroforesis
Representa el
desplazamiento de una partícula coloidal cargada en suspensión
en un líquido. Es el que tiene menor efecto en el
desplazamiento de los contaminantes.
El conjunto de
estos mecanismos provoca que los contaminantes se desplacen en
el campo eléctrico. Los cationes van hacia el cátodo mientras
que los aniones lo hacen hacia el ánodo, ambos son extraídos
posteriormente.
Este
procedimiento tiene la ventaja de que apenas si influye en la
depuración la textura ni la permeabilidad (parámetros
limitantes de muchos de los otros tratamientos).
Se trata de un
transporte masivo a través de los poros grandes y pequeños, a
diferencia de lo que ocurre con los métodos de lavado y
arrastre que apenas actúan sobre los microporos.
Este método
proporciona buenos resultados para la recuperación de suelos
contaminados por metales pesados, como el Cu, Zn, Pb y As.
Igualmente válido para compuestos orgánicos.
Tratamiento
térmico
Busca la
destrucción de los contaminantes mediante el suministro de
calor.
Se trata de un
tratamiento ex situ.
En la
incineración la combustión de los contaminantes se consigue
sometiendo al suelo a altas temperaturas (alrededor de 1000°C).
El tratamiento se desarrolla en dos fases. En una primera se
oxidan la mayor parte de los contaminantes. El proceso se
completa en la segunda fase en la que se mantiene al suelo a
altas temperaturas durante el tiempo necesario para conseguir
la destrucción completa de los contaminantes y se eliminen
todos los gases (figura).
Para depurar
los gases residuales se incorpora un sistema de
limpieza.
Es un método
muy útil para eliminar la contaminación producida por
hidrocarburos poliaromáticos, PBC (policlorobifenilos) y
clorofenoles.
La desorción
térmica es otro proceso térmico en el que se somete al suelo a
unas temperaturas más bajas (250-550°C) para conseguir la
desorción en vez de la destrucción de los contaminantes. Con
esta técnica se puede tratar la contaminación producida por
compuestos orgánicos volátiles (con un peso molecular no muy
elevado, como los lubricantes, aceites minerales, gasolinas,
etc) y determinados metales pesados volátiles como es el caso
del mercurio. Con esta técnica hay que controlar el paso de los
contaminantes a la fase gaseosa, por ejemplo se pueden eliminar
en una cámara de combustión o fijarlos sobre carbono
activado.
Estos métodos
presentan el inconveniente de que el suelo queda completamente
transformado, sin materia orgánica, sin microorganismos, sin
disoluciones...
Tratamiento
microbiológico
Consiste en
potenciar el desarrollo de microorganismos con capacidad de
degradación de contaminantes (bioremediación). Se puede o
favorecer la actividad de los microorganismos presentes o
introducir nuevas especies. Para favorecer las acciones
bióticas se pueden mejorar determinadas condiciones edáficas,
añadiendo nutrientes, agua, oxígeno y modificando el
pH.
En líneas
generales la mayoría de los contaminantes orgánicos se degradan
bajo condiciones aerobias. Sin embargo hay determinados
compuestos, como los alifáticos clorados que resisten bien en
condiciones aerobias pero son fácilmente degradados en las
anaerobias. Otros incluso, como es el caso de los PBC, se
degradan primero en condiciones anaerobias, produciendose la
descloración de manera rápida, y luego la degradación prosigue
bajo condiciones aerobias.
La velocidad
de descomposición por los organismos va a depender de su
concentración, de determinadas características del suelo
(disponibilidades de oxígeno y de nutrientes, pH, humedad y
temperatura) y de la estabilidad del contaminante.
Este
tratamiento se puede desarrollar in situ, on site o ex
situ.
El tratamiento
in situ se usa en suelos permeables cuando la contaminación
afecta a los horizontes subsuperficiales. Se perforan unos
pozos por los que se inyectan agua con microrganismos (a la que
se le han añadido nutrientes). Se bombea el agua contaminada
hacia la suerficie, se depura y se vuelve a inicial el
ciclo.

Para el
tratamiento on site el suelo es excavado y depositado sobre
unas piscinas con fondo arenoso y revestidas de un material
impermeable, como por ejemplo, una capa plástica, y con un
sistema de drenaje del agua. La superficie se riega con una
soluciones enriquecidas en nutrientes, a las que se le habrán
añadido los microorganismos.

Los mejores
resultados se obtienen en los tratamientos ex situ. Según esta
técnica el suelo contaminado es llevado a unos fermentadores,
grandes cilindros que giran sobre su eje para agitar el suelo.
Durante el tratamiento se añade oxígeno y nutrientes, en
condiciones de temperatura controlada.
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